El espacio que antes me daba miedo… ahora me sana
- Annel Garc�a Evangelista
- 9 dic 2025
- 3 min de lectura

Así empezó todo
Tenía tiempo diciendo que quería volver al gym, pero cada vez que lo pensaba me entraba ese nudo raro en el pecho. No era miedo a entrenar… era ese tipo de ansiedad que ni tú misma entiendes pero igual te tranca.Un día, sin pensarlo mucho, me fui a inscribir porque mi amigo iba todas las tardes y dije: “Bueno, déjame aprovechar el momento de valentía antes de que se me quite.”Y sí, el pago automático me dio más susto que las máquinas… pero comparado con lo que venía después, eso fue lo más fácil.
El primer día
Cuando fui por primera vez, mi amigo estaba conmigo, pero aun así sentía que mi estómago estaba haciendo maromas. Me paré frente a la puerta y, aunque fueron segundos, se sintieron larguísimos.No era miedo a hacer ejercicio. Era esa sensación incómoda de sentir que estás entrando a un sitio donde TODO EL MUNDO sabe lo que hace… menos tú. Entré.Las pesas chocaban, la música retumbaba, la gente iba y venía como si estuviera en piloto automático.Yo respiré y miré alrededor tratando de convencerme de que no me estaban mirando.Y ahí fue que me cayó la realidad:nadie estaba pendiente de mí.Literalmente nadie. Ni un alma.
Pero igual, antes de llegar, mi cabeza me decía cosas como:“¿Y si voy mal vestida?”“¿Y si piensan que soy una novata?”“¿Y si me veo ridícula?” La ansiedad es así: pesa más que cualquier dumbbell, y te convence de que no mereces ni ocupar espacio.Y mira, yo sé que suena cliché, pero esa frase de “La gente está más pendiente de sí misma que de ti” me salvó un poquito la tarde.
Lo que fui descubriendo entrenando con ansiedad
Mi amigo fue clave. Me explicaba las máquinas, me decía qué hacía cada una, me iba guiando sin prisa.Poco a poco, gracias a eso, dejé de sentirme perdida. La ansiedad no se fue… pero dejó de gritar. Ya no me daba ese golpe en el pecho. Era un ruidito bajito que podía ignorar.
Un sábado me animé a ir sola.Ahí sí que estaba nerviosa, pero dije: “Vamos a hacerlo simple: tren inferior y máquinas conocidas”. Aun así, había ejercicios que me hacían sentir expuesta, especialmente el tren superior. Me daba un sentimiento de debilidad que me chocaba, pero aun así seguía.
Y semanas después, sin darme cuenta, me encontré subiéndole peso al press de pecho.Yo misma me quedé en shock:¿Cuándo fue que me volví esta versión mía?Me sentí como la Wonder Woman criolla, sin exagerar.
Descubrí que:
Respirar antes de cada serie me calmaba muchísimo.
Llegar con un plan me evitaba ese momento incómodo de quedarme parada sin saber qué hacer.
La ropa cómoda —y linda— de verdad sube la seguridad.
Si una máquina me intimidaba, veía videos en Instagram y me aclaraba todo.
Y entendí algo:Ir sola no es estar desprotegida.Es aprender a confiar más en ti.
Por qué tantas personas sienten lo mismo
Leyendo contenido sobre bienestar entendí que lo que yo sentía era completamente normal.La ansiedad del gym casi siempre viene de dos cosas:
Sentirte expuesta, con tantos espejos, ruido y máquinas que no conoces.
Pensar que todo el mundo te está observando.
Pero también aprendí que mientras más vas, más entiendes el espacio, más seguridad agarras… y la ansiedad pierde fuerza.
El día que por fin me sentí parte del lugar
Fue un día súper normal.No levanté nada extraordinario, no me veía espectacular, nada fuera de lo común. Estaba haciendo hip thrusts, concentrada en mi respiración, en la forma, en el ardor… y ahí fue que me di cuenta:no estaba pensando en nadie más.Ni en quién me miraba, ni en cómo me veía, ni en si lo estaba haciendo “bien”.
Ese día entendí que la ansiedad no se vence dejando de ir.Se vence entrando, aunque no tengas ganas, hasta que el miedo se aburra y te deje tranquila.
La parte que nadie te dice
Volver al gym sin miedo no es un logro físico.Es emocional.Y por más irónico que suene, ahora el gym es uno de mis lugares favoritos.Me siento más segura, más fuerte, más yo.Me gusta retarme, subir peso, aprender algo nuevo. Volver al gimnasio, atreverse, seguir aunque dé miedo… todo eso es una forma de recuperar la confianza en ti. Y cuando pienso en mi yo del pasado, quisiera decirle:
“No tienes que saber nada para empezar. No tienes que verte de ninguna forma. No tienes que impresionar a nadie. Solo entra. Lo demás fluye.”

Comentarios