Voces bajo agua: la 27 de Febrero se rinde ante la lluvia
- Annel Garc�a Evangelista
- 11 oct 2025
- 2 min de lectura
Santiago de los Caballeros, R.D. — El sonido de la lluvia comenzó suave, golpeando el pavimento con esa cadencia que muchos santiagueros ya reconocen como el aviso de lo que vendrá. Eran alrededor de las seis de la tarde del 3 de octubre de 2025 cuando la Avenida 27 de Febrero empezó a transformarse, poco a poco, en un río improvisado. Los vehículos avanzaban lentamente, levantando olas que chocaban contra las aceras, mientras los peatones buscaban refugio bajo los techos de negocios o se subían a los asientos de las paradas de autobús para evitar el agua que seguía subiendo.
Desde allí, la escena parecía familiar. En Santiago, cada lluvia trae la misma consecuencia: calles inundadas, hogares en riesgo y una sensación de frustración entre los residentes. Las imágenes captadas ese día muestran con claridad lo que las palabras apenas alcanzan a describir: avenidas cubiertas de agua y un tránsito casi detenido.

En sectores como El Dorado, Los Reyes y Hoya del Caimito, los vecinos ya saben lo que significa una “lluvia fuerte”. Las calles se vuelven intransitables, el tránsito se congestiona y la movilidad se reduce.
Para conocer la percepción de la ciudadanía, se realizó una pequeña encuesta a 15 personas de distintos sectores. La mayoría coincidió en que las inundaciones no solo interrumpen la rutina, sino que también afectan su seguridad y dañan sus viviendas. “Esto pasa cada vez que caen tres gotas de agua”, comentó una residente de El Dorado. Otros señalaron la acumulación de basura como una de las principales causas del problema.
El 29 de septiembre, apenas unos días antes del fuerte aguacero, la misma avenida ya había mostrado señales de saturación. Bastó una lluvia moderada para que el agua cubriera nuevamente el asfalto, recordando que en la ciudad basta una nube cargada para alterar la movilidad.
Cuando la lluvia comenzó a disminuir, la avenida mostraba las secuelas: charcos profundos, lodo acumulado y basura arrastrada por la corriente. Los conductores retomaban el paso con precaución, mientras los peatones cruzaban entre los restos del aguacero.
La situación refleja una realidad recurrente en Santiago: cada lluvia intensa deja al descubierto las debilidades del sistema de drenaje. Aunque la ciudad es reconocida por su crecimiento urbano y desarrollo económico, las precipitaciones revelan otra cara: la vulnerabilidad de su infraestructura. A pesar de la intensidad de la lluvia, no se reportaron incidentes graves, pero el panorama bastó para recordar que un simple aguacero puede complicar la movilidad y exponer carencias estructurales.
Al caer la noche, el tránsito volvió a la normalidad. Las luces de los vehículos se reflejaban en el asfalto mojado, marcando el final de otra jornada lluviosa. Sin embargo, la escena deja claro que aún es necesario garantizar que las lluvias no se conviertan en un motivo de preocupación para los santiagueros.





Comentarios